EL PUERPERIO, PUNTO Y APARTE.

Empezamos hoy en el blog de Porta’m, una serie de artículos sobre lactancia y crianza en los que iremos comentando temas que puedan ser de vuestro interés. Hoy hablaremos del puerperio, una etapa clave en la maternidad. Mitificada por todas partes, como algo muy negativo o idealizada en exceso. Es difícil describir un periodo en el que influyen muchos aspectos a la hora de vivirlo como algo positivo o no tanto. Lo que si sabemos es que es toda una sorpresa, cualquier cosa que nos hayan contado será distinta a la que viviremos, porque nuestro puerperio es único, como únicas somos nosotras.

El puerperio es un periodo que va des del momento del parto hasta más o menos las seis semanas después. Aunque eso es en términos sanitarios, en la realidad es un periodo mucho más largo. Se suele establecer en estas seis semanas porque es el tiempo en el que se produce la recuperación física de nuestro cuerpo y puede decirse que vuelve al periodo previo al embarazo. Pero es eso, una recuperación física de… podríamos decir que nuestro aparato reproductor.

Cuando empiezas en esto de la maternidad te piensas que el puerperio es como una fecha límite a partir de la cual todo va a volver a la normalidad. Y aunque en cierta manera comprende el período más crítico en las dificultades de la lactancia y la crianza, ni mucho menos volvemos a la normalidad nunca. Bueno, porque la normalidad no existe, solo es un concepto que nos da seguridad, nos ayuda saber que “es normal” que nuestro bebe mame tan seguido, que “es normal” no tener deseo sexual hasta pasados bastantes meses o años después del parto, etc. Pero antes no éramos mamás y acabamos de nacer como tales, eso no va a volver a cambiar nunca. Asi que no volveremos al periodo anterior a nuestro embarazo, seguiremos siendo nosotras, pero nunca más volveremos a no ser mamás.

En todo caso, la recuperación física no se acaba con la recuperación de nuestra vagina. La visión de la sanidad por desgracia nuestra es en buena medida, coitocentrista. De modo que a las 40 semanas parece que ya tengas que volver a tu actividad anterior al parto, sexual y cotidiana, y esto no es ni mucho menos así. Los quilos que hemos ganado no siempre se van con la rapidez que esperamos y eso nos puede hacer sentirnos incómodas en nuestro nuevo cuerpo. Siempre les digo a las mamás que nueve meses de embarazo, nueve meses de recuperación. Y es que ese período coincide más o menos con lo que se viene a denominar la exterogestación.

Los bebés humanos nacemos prematuros en comparación con otras especies de mamíferos. Esto es debido a la bipedestación y al tamaño de nuestro cerebro. La cadera se estrechó al empezar a caminar sobre dos patas y dado que somos la especie (aparentemente) más inteligente del planeta nuestro cerebro creció “demasiado” de tamaño. Nuestra capacidad de lenguaje y la manipulación y fabricación de objetos, así como empezar a caminar sobre dos piernas, marcaron un punto en el desarrollo evolutivo a partir del cual tuvimos que nacer antes de tiempo.

Esto es importante saberlo para poder entender porqué nuestro bebé es tan dependiente de nosotras y también nos ayuda a relajarnos y no tener tanta prisa por recuperarnos.

girl-1098612__480La vivencia de nuestro puerperio como algo positivo o negativo dependerá, desde mi punto de vista, de dos factores que son para mí los más importantes: la vivencia del parto que hayamos tenido (tipo de parto, ayuda o no inmediata para la lactancia, separación o no, si nos sentimos respetadas o no…) y nuestra capacidad de adaptabilidad o flexibilidad delante de los cambios que son totalmente imprevisibles. Y un tercer factor, que no es que sea importante, es que es imprescindible: el apoyo que recibamos del entorno.

Los bebés nunca son como nos lo habíamos pensado, aunque hayamos leído mucho sobre el tema, hayamos ido a un grupo de apoyo e incluso siendo nuestro segundo hijo, todos son diferentes. Son personas en miniatura, con su carácter, su forma de ser y son, sobre todo, seres completamente desconocidos para nosotras. Es que no nos han presentado, así de sencillo.

Las hormonas van a colaborar en que esta etapa sea muy diferente a lo que seguramente nos habíamos planteado.

Durante el embarazo las hormonas se encargan de regular infinidad de cosas. La progesterona que es la hormona que regula el ciclo menstrual, facilita la implementación del embrión y se encarga de que el embarazo siga su curso. También nos puede causar somnolencia, cefaleas… pero, en definitiva, es una hormona protectora del embarazo.

Por otro lado, como efecto de la progesterona también nos puede aumentar la libido, mejorando el orgasmo femenino, aunque no necesariamente nos tenemos que sentir cómodas practicando sexo embarazadas.

Y una vez que el embarazo llega a término, es decir, se produce el parto, los niveles de progesterona bajan rápidamente. Y la progesterona tiene un efecto protector de los síntomas de la ansiedad y la depresión, con lo que somos más susceptibles, estamos más sensibles.

Esto, unido al proceso de la lactogénesis que inhibe la testosterona, conlleva también que el deseo sexual se inhiba y no haya lubricación vaginal. Además, aparece en escena un torrente de oxitocina, la hormona del amor y del cuidado, que nos relaja, nos vincula con nuestro bebé y nos hacer también estar más sensibles ante los estímulos de nuestro entorno.

Explicada esta combinación de hormonas, podéis entender porqué os sentís tan cansadas y tan sensibles.

Y encima, tenemos que ser flexibles, lo que no siempre es fácil. A menudo nuestra visión de la maternidad era solo una expectativa y no se ha cumplido. No solo la maternidad, también podemos estar recuperándonos de un parto que no ha ido como nosotras imaginábamos. Con un bebé el reloj no sirve de mucho: llegamos tarde a todas partes porque justo al ir a salir, se hace caca y se mancha hasta arriba o cuando estamos ya en la puerta, empieza a tener hambre y tenemos que volver a entrar. La vida se convierte en una improvisación. Aceptarlo y vivirlo con normalidad, sabiendo que no es para toda la vida, es la mejor de las opciones.

Por todos estos motivos, el puerperio es un periodo en el que necesitamos más que nunca que nos apoyen, nos escuchen, nos ayuden y nos den cobijo. Nos tenemos que ocupar del bebé y nuestro sistema hormonal nos condiciona para estar a gusto sencillamente en nuestra casa abrazando a nuestro hijo. No necesitamos nada más, pero es que eso es lo normal. La mujer necesita un tiempo hasta que las hormonas se estabilizan, la lactancia se establece y emocionalmente vuelve a sentirse fuerte.

El apoyo de nuestra familia, nuestra pareja, amigos, etc. es el pilar más fundamental a través del cual sostener el puerperio de una mujer. Puede que tengamos un parto traumático, puede que nos cueste adaptarnos a nuestra nueva vida como mamás, pero si nuestro entorno nos apoya y nos acompaña, podemos encontrar nuestro propio bienestar.

Y no solamente nuestra familia, que a veces no sabe o no puede el apoyo que necesitamos: una doula, una asesora de lactancia, un grupo de apoyo o un espacio de crianza pueden brindarnos la oportunidad de conocer a otras mamás que se encuentran pasando por lo mismo que nosotras.

Y, como ya sabéis, las penas compartidas, son más fáciles de llevar.

 

 

 

 

 

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Acompanyament al puerperi a casa

He parlat al meu blog unes quantes vegades del que és per a mi el suport a les famílies. De la diversitat de les persones i els grups, de tantes i tantes coses que m’han ensenyat les mares. I com no dir-ho els meus fills i l’autisme a traves d’un d’ells. Sigue leyendo “Acompanyament al puerperi a casa”

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